lunes, 13 de enero de 2014

Fallece Juan Mari Ferrer Figueras

Me he enterado que este fin de semana ha fallecido Juan Mari Ferrer Figueras. Todavía consternado, escribo estas palabras recordando a un caballero digno de admirar, y admirado por mí. Rebuscó y sacó a la luz todo tipo de hechos históricos y actividades culturales del Bajo Aragón y la Tierra Alta. Y por lo que nos toca, fue un pionero del Camino Jacobeo del Ebro. Hace un par de años escribí una columna en la revista Peregrino señalando su huella. La traigo aquí en homenaje. ¡Buen Camino, Juan Mari!

Juan Mari Ferrer, flanqueados por sus dos hijos (sentados). Foto: C. M.
El valor de la experiencia
Aleccionado por los consejos del experimentado, yo tenía toda la intención del mundo de ir a visitarle en mi Camino cuando llegara aquella etapa. Sin embargo, él vivía unos kilómetros más allá. Y recuerdo perfectamente el momento en que me encontré en el cruce: de frente, el Camino; a mi derecha, el desvío dirección a su casa. Hacía calor y mis piernas flaqueaban. Fue fácil autoconvencerme que no me desviara, que total para qué, que otra vez sería. Pero me equivoqué.
Un año después, me hallé de nuevo en el mismo punto de esta ruta, el Camino Jacobeo del Ebro. Pero esta vez, iba al volante. Recordando el error cometido un año atrás, puse el intermitente y me desvié sin dudarlo para llegar a Vilalba dels Arcs para conocer a Juan María Ferrer.
En un pueblo pequeño donde nada se me hubiera perdido, descubrí a una persona volcada con el Camino, con la cultura, con la historia, con la familia…. Cada tema que saliera en la conversación se convertía en un desafío apasionante que vencer. El brillo de sus ojos contrastaba con su escasa movilidad y su visible parkinson, pero ello no era barrera para soñar con, quién sabe, peregrinar un día hasta Jerusalén. Alma Mater del Camino Jacobeo del Ebro, aunque su modestia no lo reconociera jamás, había removido durante años Roma con Santiago, casi literalmente, para que los peregrinos volvieran a hollar la antigua calzada.
Juan María Ferrer es único, pero en las rutas jacobeas encontraremos a muchos de su estilo. Personas que se han volcado en el Camino de Santiago, dedicando tiempo y dinero a sacar de la nada una ruta que decían que pasaba por no sé dónde. Convenciendo a las piedras y moviendo a los pueblos para apoyar una causa que se dio por perdida hacía muchos años. Hombres y mujeres que recorrieron y aún hoy patean miles de kilómetros para ver tal lugar, hablar con tal persona o visitar por décima vez a tal político, a ver si esto va para adelante. Y no están solos. Cuentan con el apoyo fundamental de sus esposas, esposos o hijos, que ven, con una mezcla contradictoria de pesadumbre y orgullo, como su ser querido saca adelante el proyecto por el que ha luchado a costa de robar horas al sueño y a su familia.
Si te encuentras con ellos, no tengas prisa. Salúdales y escúchales con respeto y admiración; son más importantes incluso que las Catedrales del Camino, pues son ellos los que han conseguido moverlas y, quién sabe, igual algún día eres tú el que mueves montañas y sean otros los que te pongan de ejemplo y, pese a tu modestia, te condecoren.

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