viernes, 17 de enero de 2014

Panegírico a Don Juan Ferrer

Raúl Fernando Gómez Barranco, antiguo presidente y cofundador de la Associació d’amics del Cami de Sant Jaume del Camp de Tarragona, escribe este panegírico a D. Juan Ferrer i Figueras, fallecido el pasado 11 de enero. 

D. Juan Ferrer
D. Juan Ferrer

El pasado día 11 de enero, es una fecha que recordaremos con tristeza porque Don Juan Ferrer i Figueras, nos abandonó para comenzar un Nuevo Camino en el Reino de los Cielos.
No quiero haceros llegar ningún sentimiento de tristeza, a pesar de que el conocimiento de su muerte me ha producido una sensación de orfandad que tardaré tiempo en asimilar.
Por esto quiero con estas líneas retransmitiros a todos los que me queráis escuchar mi admiración por don Juan y el Gran Respeto que le profesé durante los pocos años que tuve la suerte de disfrutar de Él, de su Amistad y de su presencia física e Intelectual, que seguro me seguirán inspirando el resto de mi Vida.
Me gustaría contaros, que conocí a don Juan Ferrer en Vilalba dels Arcs en el año 2005, al poco tiempo de llegar a vivir a Tarragona.
Tras contactar con varios peregrinos de la ciudad y ver que un pobre forastero como yo, con cierto desarraigo sevillano tenía poco que hacer en el mundillo jacobeo tarragonino, del que por cierto ya había escuchado historias muy loables y meritorias; me dirigí al presidente de la Asociación de Tortosa, Vicente Ruiz Prades, para que me aconsejara en mis pasos hacia la fundación de una Asociación Jacobea en nuestra ciudad.
Vicente con gran amabilidad me recomendó que visitara a don Juan y le expusiera mis inquietudes, ya que sin duda el me ayudaría en todo lo que pudiera, sobre todo con su enorme experiencia y relevante sencillez.
En mi primer contacto, recuerdo a don Juan tal como lo podéis ver en la foto que he insertado en este escrito; y fueron tantas las muestras de cariño, la familiaridad y las atenciones que recibí en ese encuentro, sin apenas conocerme; que como un fan pueril de un gran cantante de rock le pedí autorización para que me dejara hacerle una foto, antes de regresar a Tarragona.
En esos primeros momentos de esa incipiente Amistad, recuerdo a don Juan como a un experto Hospitalero, que sabe hacer bien su oficio; que hace sentir bien al peregrino al final de su etapa; que desde su modestia te recomienda los pasos que tienes que dar el próximo día; y que te las dice con tal elegancia, que parece que no te sugiere nada, sino todo lo contrario.
Con esta impresión me marché de Casa Coll el día que le conocí, y me fui con tanta pena, que ya contaba los días para poder disfrutar de nuevo de su presencia. Regresé fascinado a mi casa con el convencimiento de que ya había encontrado a la primera persona con la que comenzaría un maravilloso peregrinar.
Pasaron los años desde ese primer encuentro y fueron innumerables las charlas nocturnas que mantuve con él al final de mi jornada laboral; charlas que me motivaban ante el desanimo y me confiaban en seguir las indicaciones con las que me propinaba.          
Don Juan fue el verdadero autor intelectual, que impulso la creación de nuestra Associació d’amics del Cami de Sant Jaume del Camp de Tarragona, nunca faltó a ninguna de nuestras reuniones en Tarragona, a las que se desplazaba en cualquier estación del año; hiciera frío o calor, lloviera, hiciera tormenta o nevara.
Don Juan siempre confió en nosotros y este sentimiento te daba tanta fuerza, que poco era el poder colmar sus deseos, aunque muchas veces los antepusieras a otras obligaciones, personales o familiares. Como te podías negar a las sugerencias de ese venerable anciano con ilusiones de niño, que nunca veía el final del día.
 Nunca he conocido a alguien que haya vivido la vida con tanta pasión, a pesar de los reveses que ésta les dio.
Tampoco he conocido a un ser tan ilusionante, y que te retransmita su ilusión con tanta efectividad.
A pesar del cariño que disfruté de él, nunca me atreví a apearle el tratamiento, y para mi siempre fue don Juan.
Don Juan ahora que ya no estás entre nosotros, permíteme tutearte y decirte que te quise mucho en Vida y que te tendré en mi recuerdo, hasta que nos volvamos a reencontrar.
 Los peregrinos como Tu nunca mueren, siguen haciendo el Camino en el Reino de los Cielos.

lunes, 13 de enero de 2014

Fallece Juan Mari Ferrer Figueras

Me he enterado que este fin de semana ha fallecido Juan Mari Ferrer Figueras. Todavía consternado, escribo estas palabras recordando a un caballero digno de admirar, y admirado por mí. Rebuscó y sacó a la luz todo tipo de hechos históricos y actividades culturales del Bajo Aragón y la Tierra Alta. Y por lo que nos toca, fue un pionero del Camino Jacobeo del Ebro. Hace un par de años escribí una columna en la revista Peregrino señalando su huella. La traigo aquí en homenaje. ¡Buen Camino, Juan Mari!

Juan Mari Ferrer, flanqueados por sus dos hijos (sentados). Foto: C. M.
El valor de la experiencia
Aleccionado por los consejos del experimentado, yo tenía toda la intención del mundo de ir a visitarle en mi Camino cuando llegara aquella etapa. Sin embargo, él vivía unos kilómetros más allá. Y recuerdo perfectamente el momento en que me encontré en el cruce: de frente, el Camino; a mi derecha, el desvío dirección a su casa. Hacía calor y mis piernas flaqueaban. Fue fácil autoconvencerme que no me desviara, que total para qué, que otra vez sería. Pero me equivoqué.
Un año después, me hallé de nuevo en el mismo punto de esta ruta, el Camino Jacobeo del Ebro. Pero esta vez, iba al volante. Recordando el error cometido un año atrás, puse el intermitente y me desvié sin dudarlo para llegar a Vilalba dels Arcs para conocer a Juan María Ferrer.
En un pueblo pequeño donde nada se me hubiera perdido, descubrí a una persona volcada con el Camino, con la cultura, con la historia, con la familia…. Cada tema que saliera en la conversación se convertía en un desafío apasionante que vencer. El brillo de sus ojos contrastaba con su escasa movilidad y su visible parkinson, pero ello no era barrera para soñar con, quién sabe, peregrinar un día hasta Jerusalén. Alma Mater del Camino Jacobeo del Ebro, aunque su modestia no lo reconociera jamás, había removido durante años Roma con Santiago, casi literalmente, para que los peregrinos volvieran a hollar la antigua calzada.
Juan María Ferrer es único, pero en las rutas jacobeas encontraremos a muchos de su estilo. Personas que se han volcado en el Camino de Santiago, dedicando tiempo y dinero a sacar de la nada una ruta que decían que pasaba por no sé dónde. Convenciendo a las piedras y moviendo a los pueblos para apoyar una causa que se dio por perdida hacía muchos años. Hombres y mujeres que recorrieron y aún hoy patean miles de kilómetros para ver tal lugar, hablar con tal persona o visitar por décima vez a tal político, a ver si esto va para adelante. Y no están solos. Cuentan con el apoyo fundamental de sus esposas, esposos o hijos, que ven, con una mezcla contradictoria de pesadumbre y orgullo, como su ser querido saca adelante el proyecto por el que ha luchado a costa de robar horas al sueño y a su familia.
Si te encuentras con ellos, no tengas prisa. Salúdales y escúchales con respeto y admiración; son más importantes incluso que las Catedrales del Camino, pues son ellos los que han conseguido moverlas y, quién sabe, igual algún día eres tú el que mueves montañas y sean otros los que te pongan de ejemplo y, pese a tu modestia, te condecoren.